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FESTIVAL FOLCLÓRICO DE LA ALGARROBA

RESEÑA

En los años ochenta se presentó un debilitamiento en la construcción de los cuadros vivos y en este trance surgieron varias ideas para su permanencia y se acogió finalmente la propuesta de Carlos Martínez Simahán, hijo de esta tierra algarrobera, quien sugirió la organización de un festival, dentro del cual se realizarían concursos de cuadros vivos y gaita corta, que aportarían mayor motivación a la participación de la comunidad.

Fue así, como en 1989 surgió el Festival Folclórico de la Algarroba, cuyo nombre hace honor al legendario y emblemático árbol del algarrobo, propio de la geografía galerana. Con este acontecimiento se inició el tercer periodo de transformación de la manifestación creativa. También se produjo una explosión cultural que fue más allá de la dinamización de las puestas en escena, dado que se impulsaron otras manifestaciones conexas como las artesanías y la gastronomía. Se promovió el arte en sus distintas expresiones, aparecieron publicaciones históricas, poéticas y relatos donde los autores y juglares registraron los hechos, describieron la novedosa experiencia y transmitieron sus emociones. Igualmente, se revivió el pasado al desempolvar las costumbres, leyendas, cuentos y mitos que sirvieron de inspiración a los artistas populares.

De esta época, por ejemplo, se recuerda con placer el cuadro vivo titulado: ‘Traslado del ganado a la ciénaga’, expuesto en la Calle Santander por uno de los colectivos surgidos en la historia de esta manifestación cultural. Con esta puesta en escena los asociados quisieron mostrar a las nuevas generaciones el antiguo proceso de traslado de ganado hacia la región de La Mojana, en épocas de sequía. Para el montaje de este cuadro vivo –colosal– fue necesario un trabajo titánico, que abarcó desde la construcción de un corral con varetas de madera, hasta el traslado de los semovientes desde el campo al escenario, el mismo día de la exposición, donde los vaqueros en sus cabalgaduras y con los atuendos y elementos propios de ese oficio, irrumpían con cantos de vaquería, con notas agudas y sostenidas, que reflejaban supervivencias africanas. Este fue también el primer cuadro animado que registró la historia de la manifestación, con el cual se representó magistralmente una costumbre del pasado y se demostró la disposición para el trabajo y el espíritu de solidaridad que caracteriza al galerano*.

El Festival ha cumplido 28 años y su desarrollo es cada vez más significativo para la región, porque su alma, ‘el cuadro vivo’, ha alcanzado reconocimientos más allá de lo local y a pesar de su evolución no ha perdido su esencia. Hoy las nuevas generaciones reemplazan algunos elementos primitivos como las originales trojas de guaduas por mesas, andamios, terrazas o los techos de las casas.

Sin embargo, muchos de los elementos primitivos siguen siendo utilizados por algunos creadores para sus puestas en escena, como es el caso de alumbrados con velas y lámparas alimentadas con keroseno. Tampoco han renunciado a otros elementos naturales como los arcos trenzados hechos de palma de vino, los racimos de algarrobas y las matas de plátano cargadas de gajos con diversos frutos. Con estos elementos adornan las calles donde se instalan los cuadros vivos, ya que estos no se conciben en espacios cotidianos, sino en escenarios decorados. Este proceso de decoración es lo que los habitantes llaman ‘vestir las calles’ e implica acuerdos previos y un trabajo en equipo que produce una maravillosa sinergia.

Previamente a la realización del festival, la Junta Organizadora selecciona las calles que se han de vestir para la exposición de los cuadros, constituyéndose en auténticas galerías de arte popular, donde acuden masivamente propios y extraños, como si fuese una cita obligatoria para apreciar cada una de las escenas expuestas a lado y lado de la calle. Allí sus protagonistas denominados ‘diosos y diosas’, término que se origina de su génesis religiosa, permanecen inmóviles durante las dos horas que dura la exposición. Sorprende el talento de los creadores y la variedad temática que recrea la realidad de sucesos sociales, históricos, políticos, literarios, culturales, porque un cuadro vivo es muy expresivo. Cada noche un jurado hace la preselección de los mejores cuadros expuestos para ser reproducidos la noche del último día del festival. Después, se premian los que ocupan los primeros puestos y, conjuntamente, se hace el concurso de gaitas, donde participan conjuntos locales, regionales y nacionales.

Recientemente, en el marco del Festival Folclórico de la Algarroba se realiza un festival infantil de cuadros vivos con la misma dinámica de creación, participación, muestreo y valoración del evento mayor. En este caso se hace énfasis en el aspecto formativo como requerimiento de la manifestación para asegurar su continuidad y permanencia en el tiempo. Con este semillero de algarroberitos se potencian los valores culturales y se garantiza su perpetuidad en el tiempo. Las instituciones educativas de la municipalidad últimamente han asumido la exposición de cuadros vivos como el eje que moviliza, cada año, las actividades de sus semanas culturales.

Desde la institucionalización del festival, Galeras se ha constituido en centro de atracción para los habitantes del departamento y de otras regiones del país que acuden año tras año para disfrutar de sus diferentes eventos; como dato anecdótico, la hospitalidad de su población es de destacar, puesto que amablemente abren las puertas de sus casas para compartir su tradición con los visitantes e invitados especiales y, por eso, también es conocida como: ‘Galeras, tierra de todos’.